La estimulación acuática en bebés

 

 


La estimulación acuática en bebés los introduce en el descubrimiento de un nuevo elemento, el agua, y a través de las actividades y ejercicios les ayuda de una manera muy divertid, con la conducción de sus papás, sus principales maestros, realizando ejercicios con métodos didácticos para estimular y desarrollar alcanzar todo su potencial siendo los principales objetivos desarrollar la coordinación, atención, percepción, lenguaje, aprendizaje, memoria y ritmo, entre otras habilidades. Todas estas habilidades permiten al cerebro desarrollar el intelecto, principalmente a través de la habilidad para enfocarse, lo que les dará herramientas para el éxito en todo lo que emprendan en su vida futura y desde el punto de vista desarrollo emocional, el saberse queridos, acompañados y enseñados a atreverse y saber que podemos hacer lo que nos proponemos, marca la diferencia en la vida de una persona. Qué mejores maestros que tú papá, que tú mamá. Aunque los bebés no lo hagan a nivel consciente, esas actitudes deben repetirse hasta hacerlas un hábito. También los papás debemos habituarnos a las mejores prácticas para ayudar a nuestros hijos a lograr todo su potencial.
El grupo de bebés puede iniciar desde la bañera en casa, durante la hora del baño, permitiéndoles relajarse, divertirse y disfrutar el agua. Idealmente debe estar el agua a 36 °C y la temperatura ambiente cálida y sus papás acompañándolo con canciones dulces y en un entorno feliz y positivo. También puede utilizar algunos juguetes para que el pequeño disfrute y goce ese momento. A los dos o tres meses, también puede bañarse en regadera siendo abrazado por papi o mami y sintiendo el agua suavemente caer sobre su cuerpo y acostumbrarlo a que el agua le caiga también sobre el rostro, de una manera delicada. Todo esto para que cuando le toque su primera clase o sus primeras vacaciones, el ya conozca y disfrute el agua.
A partir de los tres meses, puede ya tomar clase en albercas y se recomiendan condiciones controladas de temperatura a 36 °C y ya a partir de los seis meses, el agua puede estar a 32 °C grados.
Yo recomiendo ampliamente el programa Mamá/Bebé o Papá/Bebé, porque lo mejor para el bebé es recorrer las primeras experiencias al lado de sus
padres, por la cercanía emocional que ello representa. Por los recuerdos emocionales que guardamos tanto los bebés como nosotros los papás que hemos gozado esa experiencia. Ya el programa de niños de 3 años en adelante puede ser con maestros, pero si el niño llora, recomiendo que entre a esa edad con sus papás dos o tres clases y luego pase al programa con maestro.
Desde el punto de vista de madurez emocional, los ejercicios en el agua nos permiten ayudar a nuestros pequeñitos a pasar del temor a lo desconocido al descubrimiento del agua, a acostumbrarse a ella y posteriormente a disfrutar el agua. Le estamos enseñando a pasar de tener miedo a lo desconocido, a conocerlo, afrontarlo y vencerlo y le estamos diciendo con ejemplos prácticos que así se dominan los temores actuales y futuros. Estamos reforzando sus habilidades físicas y emocionales al mismo tiempo. Cuando les dedicamos nuestro tiempo, reforzamos su autoestima, que puede definirse así: Sentir que puedo, saber que valgo. Es la suma de confiar en sí mismos y respetarse.
Es nuestra constante presencia, estimulación y amor la que le va construyendo su autoestima y a través del ejercicio, van desarrollando todo su potencial físico, emocional e intelectual, pues sabemos que hay muchas interconexiones entre estas tres facetas.
Para el cerebro, en este caso el cerebelo, el proceso requerido para coordinar la actividad física es similar al proceso de ordenar los pensamientos, de ordenar las ideas y los conceptos. Es importante estimularlos desde bebés porque el cerebro está en la etapa más importante de desarrollo, entre más estímulos tengan de pequeñitos, más conexiones neuronales llegan a la corteza cerebral y cuando combinamos aprendizaje, equilibrio físico, el cerebelo, responsable también de las interacciones sociales, mejora la interacción de los ganglios basales y el cuerpo calloso del cerebro, lo que mejora la memoria y aumenta la capacidad de procesar nueva información.
La presión hidrostática también aumenta la capacidad pulmonar de los bebés, pues estando adentro del agua, deben hacer más esfuerzo para respirar, lo que aumenta su capacidad pulmonar. Hay estudios que sustentan que los bebés que nadan, aumentan sus defensas y son menos propensos a enfermedades pulmonares y de otra índole.
En Estados Unidos, la APP, Asociación Americana de Pedriatría, recomienda a los papás de niños mayores de 1 año, den educación formal de clases de natación para reducir las posibilidades de sufrir ahogamiento.
Nunca dejar a los niños sin atención cuando estén en la alberca y tener las albercas resguardadas con bardas perimetrales para aislarlas, entre otras recomendaciones, es imperativo para quienes tienen alberca en su casa. Igual de importante es extremar precauciones aún con baldes de agua dentro de la casa, cuando hay bebés y niños pequeños. www.aap.org
Que aprendan papás y bebés que es el mismo proceso en todo lo que el niño tiene por delante en su vida y que seamos nosotros, en el agua a través de juegos, cantos y en cercanía amorosa, como los ayudamos a ser más valientes en los retos que tendrán en su vida futura. Van practicando que los miedos se enfrentan y se vencen. Que siempre pueden contar con sus papás y los vamos enseñando a que ellos también hagan su mejor esfuerzo pues quieren hacer felices a sus papás.
¿Qué tanto aprenden los bebés? A los seis meses, aprenden a patalear, divertirse, controlar respiración y disfrutar el agua. Si los bebés continúan practicando durante varios meses, pueden lograr avanzar a la edad de un año o año y medio, hasta 4 ó 5 metros nadando entre dos adultos. Si continúan practicando de una manera frecuente durante varios meses más, pueden a la edad de dos años a dos y medio años, saltar de la orilla, voltearse y regresar a la orilla de donde saltaron. A los tres años pueden tener ya la coordinación para regresar a la orilla de donde saltaron y salirse de la alberca sin ayuda. Bebés de tres a tres años y medio con entrenamiento frecuente, pueden contener la respiración por 5 segundos o más, salir a respirar y continuar nadando y repetir la respiración y nadar distancias de hasta 15 metros. Muchos pueden aprender nadar sobre su espalda fácilmente ya que dominan la respiración.
Cada bebé va a su propio ritmo, pues sabemos que todos progresamos de manera diferente, el aprendizaje es un proceso, no un producto. Cuando los bebés son pequeños no tienen maduro su sistema motriz, sino que está en desarrollo, pero es precisamente esta estimulación la que ayuda a que el proceso sea mejor. Por su propio bien, nos adaptamos y llevamos a los bebés a través de frases positivas que los motiven a hacer lo que se le está enseñando. Qué ambos disfruten todo el proceso. En esta etapa, también los papás aprenden a conocer, admirar y respetar a sus bebés, y se forma entre ellos un lazo muy especial, serán su guía y soporte sicológico por el resto de su vida y acompañar a sus hijos a lograr sus éxitos, que aunque parezcan pequeños, la constancia reafirma la conexión afectiva y de confianza y ven a sus papás como modelo a seguir. Adquieren la confianza que necesitarán para ser independientes y triunfadores.

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